CARA Y CRUZ DE LA BIODIVERSIDAD

Este enclave natural cuenta con un importante número de endemismos ibéricos pero también con casi un 50% de especies introducidas, lo que hace que la comunidad piscícola autóctona del Tajo Internacional sea una de las más amenazadas.

Tratándose de un espacio dominado por los cursos de agua resulta lógico que los peces tengan una gran importancia dentro de este espacio protegido. La composición de la ictiofauna del Tajo Internacional presenta un curioso paralelismo. Por un lado, sobre un total de veinte especies, ocho son endemismos ibéricos: barbo comizo (Barbus comiza), barbo común (Barbus bocagei), colmilleja (Cobitis paludica), boga de río (Chondrostoma polylepis), pardilla (Chondrostoma lemmingii), calandino (Squalius alburnoides), bordallo (Squalius carolitertii) y cacho (Squalius pyrenaicus). Por otro, junto a estas especies, se pueden encontrar en la zona embalsada del río Tajo nueve especies introducidas, siendo la mayor parte de ellas grandes depredadores fluviales (lucio, lucioperca, black-bass, pez gato, etc.). Si el grado de endemismos, superior al 40 %, no tiene parangón dentro de una fauna continental, lo que convierte a la comunidad de peces del Tajo Internacional en uno de sus mayores valores, tampoco es corriente encontrar casi un 50 % de especies introducidas, que hacen de esta misma comunidad una de las más amenazadas.

Un caso especial lo constituye la anguila (Anguilla anguilla) que vive de forma relicta y residual en el embalse de Cedillo, ya que las presas constituyen auténticos muros infranqueables para las formas juveniles (angula) en sus viajes migratorios de remonte fluvial.

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