La Cultura Rayana

LA RAYA : FUSIÓN DE CULTURAS IBÉRICAS

La Raya antaño separadora, en la actualidad aglutina las dos culturas ibéricas, habiéndose llegado a formar un todo unitario plagado de matices de hermanamiento y huérfano de fronteras.

Extremadura y Portugal se unen por “La Raya” a lo largo de 300 kilómetros de frontera de norte a sur, que van desde Valverde del Fresno, en la provincia de Cáceres (con su paralelo en la ciudad portuguesa de Penamacor) hasta Valencia de Mombuey, en Badajoz, con su referente en Barrancos, el pueblo más español de Portugal. En el territorio del Tajo Internacional, la Raya iría desde Zarza la Mayor, con su población fronteriza de Salvaterra do Extremo, hasta Valencia de Alcántara con su reflejo en Marvao o numerosas freguesías de Portalegre.

Pero el concepto de frontera en estas tierras siempre fue “relativo”. No existía raya para quienes vivían aquí, porque la frontera no era más que una línea imaginaria o un hito de piedra con una letra inscrita junto a la carretera. Aquí, las costumbres y los idiomas seguían mezclados. Y así reflejó en uno de sus textos el escritor Luis Bello tras su vista a esta zona a finales del siglo pasado. De su paso por el Pino, en Valencia de Alcántara, dijo:

«Toda esta sierra, como una gran parte de los sesenta y tantos agregados de Valencia de Alcántara, ni está dentro de España, ni está dentro de Portugal. Aparece el alcalde; un hombre alto, fuerte, con su gran capotón pardo, de corte portugués. Habla con sus gentes en portugués por la razón que él mismo nos explica: ‘Falamos» mucho portugués, porque, ya comprenderá usted, el portugués es más fácil. Su vida está, como se ve, fuera de los convenios y de las ficciones internacionales…”

La frontera, lejos de separar personas, generó un escenario en el que los movimientos a uno y otro lado de la Raya se convirtieron en economía y cultura: la del contrabando. Y es que este territorio posiblemente haya sido testigo del mayor movimiento de contrabandistas de toda la frontera hispano-lusa, y por ende, de “carabanieros” y “guardinhas”. Todo ello dentro de un mundo complejo en el cual la vida era difícil por falta de recursos, donde la principal “industria” era el contrabando de un lado para otro de la frontera. El contrabando supuso en los años difíciles un apoyo económico para las familias “rayanas”, con productos tan variados como el café, la harina, el pan, el corcho o las telas. Con la emigración y el aumento del nivel de vida esta actividad clandestina comenzó a disminuir. Después, la frontera se abrió y el contrabando se desvaneció. Pero su práctica quedó impregnada en las costumbres, leyendas y tradiciones de La Raya.

La apertura de la frontera ha sido sin ninguna duda, el hecho histórico más importante del territorio, pues ha permitido el acercamiento de dos sociedades con muchos puntos en común. De este encuentro nace, en el apartado comercial, la Feria Rayana, que se celebra anualmente y de manera alternativa en cada lado de la frontera luso-extremeña. Pero también, la declaración de espacios de encuentro como la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Tajo-Tejo Internacional, y el Parque Internacional Tajo-Tejo.

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